Meditación.
Reflexión sobre Lucas 10, 25-37.
El Señor nos enseña que tenemos que amar con un amor
ordenado: Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón y
Amaras a tu prójimo como a ti mismo, primero hay que amar a
Dios para poder amar a través de El a los demás porque nadie
puede dar lo que no tiene. Si comprendiéramos que el Señor
ama tanto a nuestros hermanos como a cada uno de nosotros y
entendiéramos que El murió por todos nos daríamos cuenta del
valor que cada uno tiene y nos respetaríamos sin
distinción. Cuantas veces nos comportamos como si fuéramos
dueños de la vida de los demás sin darnos cuenta que al
mismo Jesús ofendemos con nuestras criticas y burlas... A
veces hay personas que no nos caen bien o que nos molestan
pero desconocemos las causas que las llevan a proceder de
tal manera, no sabemos que realidad de vida tienen, como se
criaron o que sienten en su interior, no sabemos sobre sus
necesidades y carencias y sin embargo las juzgamos, las
ignoramos o las rechazamos y hasta a veces las hacemos
responsables de lo que nos pasa en vez de acércanos, tratar
de conocerlas en profundidad y amarlas tal cual son. Y como
hacerlo? El secreto esta en reconocer primero nuestras
limitaciones, porque todos los pecados que cometemos son por
ausencia de Amor por eso el amor es el primer mandamiento
que encierra a todos los demás. Y cuales son nuestras
limitaciones? rencor?, soberbia?, falta de caridad?, falta
de paciencia?, falta de honestidad? celos? orgullo?
prejuicios? pasion desordenada? mal carácter? tristeza?...
porque si al Amor que tengo le tengo que restar todas estas
limitaciones seguramente me quedara un amor muy reducido
para darle a mi hermano por eso debemos trabajar en las
Virtudes para ir alimentando ese amor, para que crezca y se
purifique. Todos tenemos huecos que llenar, huecos que solo
los puede llenar el Amor de Dios si le abrimos el corazón
porque con un corazón endurecido difícilmente podamos amar a
nuestro prójimo. y ¿Quien es nuestro prójimo? Es todo aquel
que esta próximo a nosotros por mas que no tengamos un
vinculo cercano, es aquella persona con la cual nos
encontramos y podemos asistir. Pero para poder asistirla
tenemos que conocer cual es su necesidad y para poder
conocerla y poder compadecernos tenemos que amarla, solo así
podremos hacer su carencia nuestra y sentirnos llamados a
ayudarla. El Señor se compadece ante nosotros hace propio
nuestro dolor y sufre con nosotros, hasta en el momento de
la cruz cuando el padecía por nosotros se compadece aun mas
por los que lo escupieron y apedrearon y dice Señor
Perdónalos porque no saben lo que hacen, conociendo las
limitaciones de sus agresores se compadece de las mismas y
pide misericordia para que todos algún día tengamos la
gloria del cielo. Sin embargo nosotros no entendemos y
muchas veces nos comportamos con nuestro hermano como el
sacerdote o el levita y somos indiferentes a su realidad. El
Buen Samaritano nos enseña claramente como debemos amar al
prójimo, el primero se acerco, lo miro, se compadeció, luego
lo asistió, le curo sus heridas y no lo dejo ahi sino que se
lo llevo con el, lo cuido y se aseguro de que estaría bien.
Que hermoso seria poder poner en practica este
procedimiento, si nos propusiéramos empezar hoy cuando
salimos de casa, con alguien que veamos aunque no nos caiga
bien, por amor al Señor Jesús, para intentar parecernos mas
a El y ante cualquier dificultad preguntarnos ¿Que haría El?
o ¿Que diría?
Invoquemos al Espíritu Santo para poder transmitirle una
Sonrisa a cada Hermano que veamos pasar. Que María nos ayude
a ser misericordiosos como lo es nuestro Señor con nosotros,
que seamos sencillos de corazón para poder ver a todos con
su corazón de Madre y nos enseñe a proceder siempre como el
Buen Samaritano ante las necesidades de los demás.
Laura Barcala