Meditación.

6 de Octubre, 2009

Reflexión sobre Lucas 10, 25-37. El Señor nos enseña que tenemos que amar con un amor ordenado: Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón y Amaras a tu prójimo como a ti mismo, primero hay que amar a Dios para poder amar a través de El a los demás porque nadie puede dar lo que no tiene. Si comprendiéramos que el Señor ama tanto a nuestros hermanos como a cada uno de nosotros y entendiéramos que El murió por todos nos daríamos cuenta del valor que cada uno tiene y nos respetaríamos sin distinción. Cuantas veces nos comportamos como si fuéramos dueños de la vida de los demás sin darnos cuenta que al mismo Jesús ofendemos con nuestras criticas y burlas... A veces hay personas que no nos caen bien o que nos molestan pero desconocemos las causas que las llevan a proceder de tal manera, no sabemos que realidad de vida tienen, como se criaron o que sienten en su interior, no sabemos sobre sus necesidades y carencias y sin embargo las juzgamos, las ignoramos o las rechazamos y hasta a veces las hacemos responsables de lo que nos pasa en vez de acércanos, tratar de conocerlas en profundidad y amarlas tal cual son. Y como hacerlo? El secreto esta en reconocer primero nuestras limitaciones, porque todos los pecados que cometemos son por ausencia de Amor por eso el amor es el primer mandamiento que encierra a todos los demás. Y cuales son nuestras limitaciones? rencor?, soberbia?, falta de caridad?, falta de paciencia?, falta de honestidad? celos? orgullo? prejuicios? pasion desordenada? mal carácter? tristeza?... porque si al Amor que tengo le tengo que restar todas estas limitaciones seguramente me quedara un amor muy reducido para darle a mi hermano por eso debemos trabajar en las Virtudes para ir alimentando ese amor, para que crezca y se purifique. Todos tenemos huecos que llenar, huecos que solo los puede llenar el Amor de Dios si le abrimos el corazón porque con un corazón endurecido difícilmente podamos amar a nuestro prójimo. y ¿Quien es nuestro prójimo? Es todo aquel que esta próximo a nosotros por mas que no tengamos un vinculo cercano, es aquella persona con la cual nos encontramos y podemos asistir. Pero para poder asistirla tenemos que conocer cual es su necesidad y para poder conocerla y poder compadecernos tenemos que amarla, solo así podremos hacer su carencia nuestra y sentirnos llamados a ayudarla. El Señor se compadece ante nosotros hace propio nuestro dolor y sufre con nosotros, hasta en el momento de la cruz cuando el padecía por nosotros se compadece aun mas por los que lo escupieron y apedrearon y dice Señor Perdónalos porque no saben lo que hacen, conociendo las limitaciones de sus agresores se compadece de las mismas y pide misericordia para que todos algún día tengamos la gloria del cielo. Sin embargo nosotros no entendemos y muchas veces nos comportamos con nuestro hermano como el sacerdote o el levita y somos indiferentes a su realidad. El Buen Samaritano nos enseña claramente como debemos amar al prójimo, el primero se acerco, lo miro, se compadeció, luego lo asistió, le curo sus heridas y no lo dejo ahi sino que se lo llevo con el, lo cuido y se aseguro de que estaría bien. Que hermoso seria poder poner en practica este procedimiento, si nos propusiéramos empezar hoy cuando salimos de casa, con alguien que veamos aunque no nos caiga bien, por amor al Señor Jesús, para intentar parecernos mas a El y ante cualquier dificultad preguntarnos ¿Que haría El? o ¿Que diría?
Invoquemos al Espíritu Santo para poder transmitirle una Sonrisa a cada Hermano que veamos pasar. Que María nos ayude a ser misericordiosos como lo es nuestro Señor con nosotros, que seamos sencillos de corazón para poder ver a todos con su corazón de Madre y nos enseñe a proceder siempre como el Buen Samaritano ante las necesidades de los demás.
 

Laura Barcala

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